La nación bolivariana se hizo presente con el poema "Rememorando la Batalla de Carabobo", del poeta, diplomático y Premio Nacional de Literatura (1969), Vicente Gerbasi, en la voz del embajador Roy Chaderton Matos
Fotógrafo: Embajada de Venezuela en Suiza
La Embajada de Venezuela en Suiza participó en la 2da Fiesta Literaria del Círculo de Amigos de España, Portugal e Iberoamérica, con el poema "Rememorando la Batalla de Carabobo", del poeta, diplomático y Premio Nacional de Literatura (1969), Vicente Gerbasi, en la voz del embajador Roy Chaderton Matos.
Además de Venezuela, en la actividad participaron las embajadoras y los embajadores de Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, México y Perú, lo que permitió disfrutar de autores clásicos como Jorge Luis Borges (Arg) y Antonio Machado (Esp) y del Boom Latinoamericano como Gabriel García Márquez (Col), José Lezama Lima (Cub), Mario Vargas Llosa (Per) y Carlos Fuentes (Mex); así como de noveles escritores como S. Campbell (CR) y E. A. García (Ecu).
La lectura del poema venezolano por parte del embajador Chaderton Matos estuvo especialmente cargada de emoción, no solo por el patriótico contenido de la obra, su cadencia y su métrica, sino también por la pertinencia del mismo en los actuales momentos, además de la impronta anecdotaria del sentimiento personal entre ambos diplomáticos en cuestión.
Previo a la lectura, el jefe de Misión promovió al poeta Gerbasi a la categoría de “Santo Laico”, una imagen que, de acuerdo a sus palabras, es solo para aquellos que de manera proba y por demás patriota pueden llegar algunos con el testimonio de una vida pura y decente.
La ocasión favoreció compartir anécdotas propias de sus experiencias compartidas, cuando el poeta fue el primer embajador del joven secretario Chaderton Matos en Varsovia; además de recordar el especial afecto de Gerbasi a Suiza, en donde incluso fundó, junto a los poetas helvéticos Aubert, Haldas y Trollet, el proyecto “Jeunne Poesie Genevoise”, en 1948.
Finalmente, la lectura de “Rememorando la Batalla de Carabobo” acercó al fervor del sentimiento patrio en estos precisos momentos cuando la dictadura imperial acecha en el Caribe.
Embajada de Venezuela en Suiza
“Rememorando la Batalla de Carabobo”
Vicente Gerbasi
Libro: “Obra Poética”, Biblioteca Ayacucho – Caracas, 1986.
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Los campesinos veíamos a Bolívar entre árboles de ornamento puro que brillan en el sudor del trópico o pasar a caballo bajo arcoiris de los llanos.
Venezuela iba por sus lentos ríos de playas soñolientas de tortugas, asomaba pumas entre grandes hojas de alucinación, levantaba llamaradas de pájaros.
Bolívar vio nuestros sembrados en un deslumbramiento de palmeras. Con él, todos los campesinos comenzamos a ver a Venezuela. Con el vimos la Libertad, con el vimos nuestra Democracia, con el vimos nuestras futuras ciudades y sus chimeneas a orillas de esos lentos ríos.
El con nosotros sigue sembrando el campo; va con nuestros hijos a la escuela, reúne a los pescadores y a sus mujeres que tienden redes plateadas de sardinas. Sí, Bolívar era el que llevaba un morral y una carabina al hombro. Sí, Bolívar era el que estaba derrotado bajo un aguacero, cuando canta el paují de copete azul. Sí, Bolívar entraba a una casa campesina. Sí, Bolívar se tomaba un café al amanecer en alguna cocina donde las arañas tejen astros en rincones negros de hollín. Sí, Bolívar llamaba a otros campesinos al amanecer.
Sí, Bolívar seguía durante el día y durante años por los campos buscando más campesinos. Y Bolívar nos reunió a todos los venezolanos y con él fuimos al combate. Era un amanecer. Se organizaron cuadros de colores para la batalla en una llanura de aurora anaranjada. Con brillos de estrellas, cuando ya Bolívar despertaba a sus soldados entre retorcidos árboles de merey, en un aire iluminado de banderas. Cuando ya Páez preparaba en la serranía a sus jinetes llaneros.
Cada uno ya estaba al lado de la cabeza de su caballo. Las oscuras lanzas se levantaban frente a colores horizontales del alba. Con brillos de sol sonaron los clarines. Después de un silencio tenso como el que anuncia cataclismos. Con brillos de sol sonaron los clarines y sonaron truenos retumbantes y llovió tierra y arena y piedra y se levantó el humo de la pólvora y rodaron solas ruedas de carretas y se despedazaron cañones y bajaron los lanceros y las lanzas ensangrentaron la tierra en un vasto ámbito de relinchos de caballos. Tempestad de la pólvora, del grito, del relincho. Tempestad de la vida y de la muerte que Bolívar el Libertador veía desde su caballo blanco en la colina. y fue entonces cuando en su caballo alazán llegó Negro Primero.
Ambos, caballo y hombre, como una densa sombra en el humo agrio de la pólvora. Al pie de Bandera de la Patria, le dijo Páez "Mi General, vengo a decirle adiós porque me estoy muriendo". Y el caballo alazán estuvo al lado de Negro Primero muerto hasta el final de la batalla. Con brillos del sol volvieron a sonar los clarines. Sonaros clarines de sol. Era el Primer Día de Nuestra Libertad.
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