O reinará la barbarie por los siglos de los siglos

Escrito por: Cecibel Rojas
15/10/2023

El Derecho Internacional es el marco legal que, después de milenios de existencia y de no pocos conflictos desgarradores entre civilizaciones y naciones, nos hemos dado, todos los seres humanos y los Estados, con la finalidad de mantener un equilibrio en el mundo en que nos ha tocado vivir.

 

El primer tratado de paz del que se tiene registro data del año 1269 antes de Cristo, y se conoce con el nombre de Tratado de Qadesh, el cual fue firmado entre Hattusillis III y Ramses II. Una copia de este trascendental documento fue encontrada como resultado de unas excavaciones llevadas a cabo en 1906, en Bogazkoy, localidad ubicada en la provincia turca de Corum, muy cercana a la ciudad de Ankara, por el arqueólogo alemán Hugo Winckler. El articulado del Tratado de Qadesh conforma la base de partida de los acuerdos de paz y no agresión de la diplomacia moderna, ya que es el primer arreglo internacional basado en el principio de igualdad entre naciones, pero quizás lo más relevante y novedoso de Qadesh fue que en él se contemplaba la extradición de los fugitivos y que, muy importante, soldados y funcionarios de ambas partes pudieran regresar a sus países sin que fuesen víctimas de represalias.

 

Desde aquel trascendental acontecimiento protagonizado por hititas y egipcios se ha venido trabajando de manera denodada hasta conseguir un cuerpo legal consistente, el cual fue desarrollándose, desde la aparición formal de los Estados modernos, hacia los siglos XVI y XVII, y a partir de que éstos comenzaron a manifestar su voluntad de establecer relaciones en términos de igualdad jurídica.

 

El Tratado de Westfalia, firmado en 1648, corolario de la Paz de Westfalia, y la Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas, adoptado en 1961 y que entraría en vigor en 1964, son ejemplos claros de como se ha ido evolucionando en esta materia a lo largo de la historia de las civilizaciones, lo cual se puede percibir como una manifestación de voluntad de globalización positiva. Pero resulta ingenuo pensar que la sola existencia de un marco legislativo sólido garantizaría la convivencia pacífica y en armonía entre las naciones. Muy a pesar de este gran paso dado hace ya más de 3.000 años, demasiada sangre ha sido derramada, muchas veces en vano, debido a la insensatez, la intolerancia, la soberbia imperialista y la incompetencia humana.

 

Los principios fundamentales que dan base al cuerpo doctrinario del Derecho Internacional son: el respeto y la defensa de los Derechos Humanos; el de la responsabilidad de los Estados; la no intervención en asuntos internos; la Buena Fe; la igualdad soberana; la prohibición del uso de la fuerza o las amenazas, así como la obligación de llegar a acuerdos pacíficos para la solución de controversias, y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

 

La Convención de Viena (1961), es un tratado que rige sobre las relaciones diplomáticas y la inmunidad del personal diplomático. El objetivo fundamental de la Convención de Viena es brindar un marco que sirva de base al mantenimiento del equilibrio y las relaciones pacíficas entre los Estados que conforman la comunidad internacional, respetando las diferencias entre regímenes políticos y constitucionales.

 

Todos los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas, es decir 193 países, son firmantes y ratifican su adhesión a esta Convención, y aunque acatar la racionalidad que da sustancia a la Convención debería tener carácter para todos los Estados que la han firmado y ratificado, existe por lo menos un par de países cuyos gobiernos suelen, de manera sistemática, hacer caso omiso a sus disposiciones, y en función de sus mezquinos intereses, suelen “torcer el brazo” a aquellos países que no se subordinan, ni demuestran sumisión ciega a sus instrucciones y mandatos, como se atrevió a declarar el ex presidente de los Estados Unidos y flamante Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, en declaración abierta a la prensa (Portal VOX, 2015).

 

Los gobiernos de Estados Unidos no violan uno sino todos los principios de la Convención de Viena, en su animadversión contra el Gobierno Bolivariano y el pueblo venezolano, sentando penosos precedentes que amenazan con minar las bases del Derecho Internacional. La Convención de Viena es una herramienta para el respeto y el derecho a la diversidad. Pero Estados Unidos, a pesar de ser firmante de la Convención, no sólo amenaza, sino que usa la fuerza para imponer medidas coercitivas unilaterales, que se concretan en ilegales “sanciones”, que no solo dificultan el sano desarrollo de nuestro pueblo, sino que generan muerte, violando de manera flagrante los Derechos Humanos; interviene de manera directa en asuntos de política interna, irrespetando el Derecho a la Autodeterminación.

 

El gobierno estadounidense interviene y ocupa de manera forzosa las sedes diplomáticas venezolanas y, además, se atreve a violar la inmunidad de los diplomáticos y agentes especiales del único gobierno legítimo de Venezuela, como ha quedado patente en el caso del señor Alex Saab, quien fungiendo como Enviado Especial para Asuntos Humanitarios y Representante Permanente Adjunto de Venezuela ante la Unión Africana, fue secuestrado de manera arbitraria el 12 de junio de 2020 en Cabo Verde, donde permaneció durante 491 días, hasta que fue trasladado a una cárcel en territorio norteamericano.

 

El artículo 29 de la Convención de Viena establece claramente la inviolabilidad de la inmunidad del Agente diplomático, dejando por sentado que no puede ser objeto de detención o arresto. El grado de barbarie, bestialidad y brutal arrogancia llega a tal punto que resulta muy difícil calificar o ubicar el grado de involución y distrofia en la acción llevada a cabo por el gobierno de Estados Unidos (y sus aliados), ya que, si revisamos la historia de las civilizaciones, encontramos que, por ejemplo, el concepto de inmunidad diplomática ya se encontraba en las antiguas epopeyas indias, como Ramayana y Mahabharata. Para Heródoto, el maltrato a los emisarios es considerado un crimen. El profeta Mohammed envió y recibió enviados y prohibió taxativamente que se les hiciera cualquier tipo de daño. Hasta Genghis Kahn y los mongoles eran conocidos por insistir en el respeto a los derechos diplomáticos.

 

Este mes se cumplen tres años de aquella vulgar represalia, que constituye un acto de violación flagrante al Derecho Internacional, hecho que no solo afecta a Venezuela, sino a la totalidad de la Comunidad Internacional, ya que marca un peligrosísimo precedente, enrarece los espacios multilaterales y deja una desagradable e indeleble mancha en la historia de las Relaciones Internacionales. Las inmunidades y privilegios son otorgadas a los Estados, pero las personas de carne y hueso son las depositarias de estas concesiones, en su calidad de representantes de esos Estados. Resulta indignante y bochornoso que, teniendo como único objetivo intereses neo-imperialistas, se viole la ética y los principios que deben regir la coexistencia armónica entre los Estados, aún en tiempos de extrema tensión e incluso de guerra, y que tanto trabajo ha costado consolidar.

 

Es hora de que los gobiernos del mundo civilizado alcen su voz para reclamar la liberación del Enviado Especial del Gobierno venezolano Alex Saab y el respeto por el edificio legal que desde hace ya más de 3.000 años la humanidad ha ido levantando, con la finalidad de garantizar que el civismo, el humanismo, la racionalidad y la ética de la tolerancia sean la norma de relacionamiento que impere en la comunidad internacional, porque de lo contrario se sobreentiende que se estaría aceptando que se sienten las bases para un mundo en el que reinará la barbarie por los siglos de los siglos.

 

*Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Turkiye