Fotógrafo: Embajada de Venezuela en Belarús
En Minsk, durante la Conferencia Internacional “Desafíos Económicos Modernos y su Impacto en las Relaciones Laborales y la Situación Socioeconómica de los Trabajadores”, organizada por la Federación de Sindicatos de Belarús (FPB), la República Bolivariana de Venezuela reafirmó su posición frente a las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU), señalándolas como una herramienta de presión geopolítica que vulnera derechos humanos, afecta la estabilidad económica y amenaza directamente la soberanía de los Estados.
El embajador Franklin Ramírez encabezó la intervención venezolana, destacando la gravedad de estas prácticas en el contexto laboral y productivo global.
El foro reunió a representantes sindicales, académicos, economistas y diplomáticos de 27 países para analizar los desafíos que enfrentan los trabajadores en un escenario internacional marcado por transformaciones tecnológicas, nuevas formas de empleo y la creciente imposición de sanciones económicas.
La FPB recordó que incluso la Organización Internacional del Trabajo ha advertido sobre el impacto negativo de las MCU, que continúan aplicándose pese a su carácter unilateral e ilegal.
En su intervención, el jefe de Misión denunció que las MCU aplicadas contra Venezuela no constituyen simples restricciones económicas, sino una forma de guerra híbrida orientada a desestabilizar al país y forzar cambios políticos contrarios al Derecho Internacional.
Subrayó que la congelación ilegal de más de 30 mil millones de dólares en activos venezolanos —fondos destinados a salarios, salud, medicamentos y pensiones— representa un ataque directo al bienestar de la población y al funcionamiento del sistema productivo nacional.
Ramírez advirtió que estas medidas buscan elevar artificialmente el riesgo financiero, restringir el acceso a bienes esenciales y provocar una descapitalización forzada, que afecta de manera particular a la clase trabajadora.
El diplomático señaló, además, que la coerción económica persigue un objetivo estratégico: apoderarse de los recursos energéticos y minerales de Venezuela, acompañada de presiones militares en el Caribe que amenazan la estabilidad regional y reactivan los preceptos de la Doctrina Monroe.
El embajador destacó la importancia de la cooperación entre Venezuela y Belarús como ejemplo de resistencia y construcción de soberanía frente a estas agresiones.
Caracas y Minsk avanzan en proyectos de complementariedad productiva, transferencia tecnológica, ingeniería de vivienda, maquinaria agrícola y arquitecturas financieras alternativas que permiten proteger el comercio y blindar sus economías frente a la extraterritorialidad de las sanciones. Esta alianza, afirmó, demuestra que es posible garantizar la sostenibilidad empresarial y la defensa del empleo incluso en condiciones adversas.
Finalmente, Ramírez llamó a la comunidad internacional a rechazar el uso de las MCU como instrumento hegemónico que amenaza la autodeterminación de los pueblos y socava los derechos laborales en todo el mundo.
“La defensa de Venezuela es parte de una lucha global por un orden multipolar más justo”, afirmó. “Ningún bloqueo podrá detener a una nación decidida a ejercer su soberanía y a proteger la dignidad de su pueblo”.
Embajada de Venezuela en Belarús