Fotógrafo: Consulado de Venezuela en Barcelona
Barcelona, 1 de febrero de 2026.- Venezuela estuvo presente en la exposición “El cine de cuatro minutos: ahora, aún”, realizada en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), España, siendo representada por el cónsul general de la República Bolivariana de Venezuela en Barcelona, Carlos Azpúrua, reconocido también como guionista y director cinematográfico venezolano.
Durante su intervención, Azpúrua destacó la importancia histórica, política y estética del evento, subrayando el valor del cine militante latinoamericano como una herramienta de agitación, memoria y transformación social.
En particular, expresó su profundo orgullo por representar a Venezuela a través de la proyección del cortometraje “La autonomía ha muerto”, una pieza de cine documental en blanco y negro de 1970 que, con apenas cuatro minutos de duración, se convirtió en una obra clave del cine político nacional.
Visiblemente conmovido, el cónsul recordó al director de la película, Donald Myerston, su amigo y compañero de lucha, fallecido recientemente el 23 de enero de 2026: “Estoy profundamente orgulloso de estar aquí presentando esta obra maestra en una exposición tan valiosa, y profundamente triste por no tener a mi lado a mi gran amigo Donald Myerston”.
En su homenaje, resaltó la trayectoria de Myerston como una figura fundamental del cine venezolano y latinoamericano, comprometido con la lucha revolucionaria, cofundador del Departamento de Cine de la Universidad de Los Andes (ULA), integrante activo del Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano y promotor de la Ley de Cinematografía de Venezuela.
El cónsul afirmó que, con “La autonomía ha muerto”, Myerston provocó un impacto decisivo en la movilización política y estudiantil del país durante la época de la IV República.
El cortometraje, codirigido con Ramón Arellano, documenta con imágenes reales las protestas protagonizadas por estudiantes de la ULA en la ciudad de Mérida y se vincula directamente con los acontecimientos de 1969, en Caracas, cuando el asalto a la Universidad Central de Venezuela por parte del gobierno de Rafael Caldera desencadenó una ola de movilizaciones en todo el país.
La pieza audiovisual muestra las reacciones de la masa estudiantil ante esta decisión del gobierno, capturando un momento de agitación, protesta y represión en el contexto de las luchas universitarias de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. El título es literal y simbólico: las medidas políticas de la época pisoteaban y daban el golpe final a una autonomía universitaria ya moribunda.
De manera simbólica y contundente, la obra muestra a estudiantes portando varas con las siglas de las universidades de Caracas y Mérida como si se tratara de cuerpos fallecidos, mientras la frase “Los sepulteros de siempre” abre el desfile de fuerzas policiales, estableciendo una clara denuncia de la represión contra el movimiento estudiantil y de la alianza entre el poder político y el aparato represivo.
Inscrita en la tradición del Tercer Cine o Nuevo Cine Latinoamericano, “La autonomía ha muerto” asume la insólita limitación temporal de cuatro minutos como una estrategia de urgencia y eficacia política, rompiendo con los modelos industriales de producción y con la pasividad del espectador. Se trata de un lenguaje nuevo, propio de un cine que debía ser veloz en la hechura, en la distribución y en el impacto inmediato: la praxis de cineastas comprometidos que filmaban durante huelgas, montaban rápidamente y exhibían clandestinamente en fábricas y universidades para movilizar a estudiantes y trabajadores antes de que las protestas concluyeran. Su fuerza radica en la síntesis, la velocidad y el impacto directo, principios que dialogan plenamente con el espíritu de la exposición presentada en el CCCB.
La relevancia internacional de esta obra ha sido ampliamente reconocida: fue incluida en la retrospectiva “Venezuela: Forty Years of Cinema, 1950–1990” del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, en 1994, y en años recientes ha sido objeto de homenajes y cineforos.
La participación de Venezuela en “El cine de cuatro minutos: ahora, aún” no solo reivindica un legado cinematográfico de enorme potencia política y estética, sino que reafirma la vigencia de un cine que, ayer como hoy, se pregunta cómo volver a agitar conciencias y encender la chispa de la acción colectiva frente a las pantallas contemporáneas.
Consulado de Venezuela en Barcelona