80 años de relaciones diplomáticas entre Venezuela y Rusia: una alianza histórica que trasciende el tiempo | Por Yván Gil*

80 años de relaciones diplomáticas entre Venezuela y Rusia: una alianza histórica que trasciende el tiempo | Por Yván Gil*

Este 14 de marzo de 2025 se cumplen 80 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Rusia, un hito que no sólo marca una alianza estratégica entre ambas naciones, sino que también refleja una profunda conexión histórica, cultural y política que se remonta a los primeros días de la lucha por la independencia venezolana.

Este aniversario coincide con otro evento de gran relevancia histórica: los 80 años de la victoria del Ejército Rojo sobre el nazi-fascismo, un triunfo que no sólo liberó a Europa del yugo de la Alemania hitleriana, sino que también redefinió el curso de la historia global.

La victoria de la Unión Soviética en la Gran Guerra Patria marcó el punto de quiebre en la Segunda Guerra Mundial, consolidando el sacrificio de millones de combatientes y civiles que lucharon por la paz.

La coincidencia de esta efeméride con la historia de Venezuela resalta un paralelismo simbólico en la lucha de las naciones por su soberanía. Más allá de las fechas, ambos momentos representan la lucha de los pueblos por la autodeterminación frente a fuerzas opresoras que pretendían someterlos.

Este tipo de coincidencias históricas nos recuerdan que la paz no es un estado inmutable, sino una conquista permanente que requiere compromiso y resistencia. Así como hace 80 años los pueblos del mundo unieron fuerzas para erradicar el fascismo, hoy las naciones enfrentan nuevos desafíos que ponen a prueba su independencia, su derecho al desarrollo y su visión de un mundo multipolar basado en la cooperación y el respeto mutuo.

Retomando nuestro recuento histórico, debe destacarse que, la relación entre Venezuela y Rusia tiene sus raíces en el siglo XVIII, cuando el precursor de la independencia, Francisco de Miranda, estableció contacto con la emperatriz rusa Catalina la Grande.

Miranda, durante su recorrido por Europa, cruzó la costa rusa, pasando por Crimea y admirando el avance de Rusia en diversos ámbitos. Este encuentro no fue sólo un hecho anecdótico, sino también un acto de apoyo moral y político a la lucha independentista de América Latina.

De hecho, Catalina la Grande permitió a Miranda llevar el uniforme de coronel del ejército ruso, un gesto que simbolizó el respaldo temprano de Rusia a las aspiraciones libertarias de Venezuela.

Años más tarde, la hazaña de Simón Bolívar resonó en Rusia y, en 1857, Venezuela se convirtió en el primer país latinoamericano en ser reconocido como nación independiente por el Gobierno ruso.

Para Venezuela, este respaldo representaba un hito significativo, pues llegaba en un momento en el que la joven república aún luchaba por consolidar su posición internacional, enfrentando desafíos internos y externos para preservar su autonomía.

Con el paso del tiempo, los vínculos entre ambas naciones han evolucionado y se han fortalecido, trascendiendo lo meramente diplomático para abarcar ámbitos estratégicos como la energía, la cooperación militar y la integración en el marco del mundo multipolar. Desde aquel reconocimiento en el siglo XIX hasta la actualidad, Venezuela y Rusia han construido una relación basada en el respeto mutuo, la complementariedad y la defensa de un orden internacional más equitativo.

Este lazo histórico nos recuerda que la lucha por la soberanía y la paz no es un episodio aislado en el tiempo, sino un proceso continuo que se nutre de alianzas, de resistencias compartidas y de la convicción de que sólo en la unidad es posible forjar un futuro mejor para nuestras naciones.

Consolidación de la alianza estratégica

El siglo XXI marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Venezuela y Rusia. Bajo el liderazgo del comandante Hugo Chávez, la alianza entre ambas naciones se expandió y profundizó.

El comandante Chávez, con su visión de un mundo multipolar, encontró en Rusia un aliado estratégico para contrarrestar la hegemonía del Norte Global. Desde entonces, la cooperación bilateral ha abarcado áreas como energía, defensa, tecnología, educación y cultura, entre otras.

En 2010, durante una visita a Venezuela, el entonces primer ministro ruso, Vladimir Putin, destacó la figura de Simón Bolívar como un ejemplo de lucha contra la desigualdad y la opresión, a saber:

“Bolívar no es sólo un luchador contra el colonialismo en América Latina, es también uno de los ejemplos más vivos de la lucha por la libertad. Hoy, el mundo no ha llegado a ser perfecto, y muchas fuerzas siguen imponiendo modelos estereotipados para alcanzar sus objetivos egoístas. Nuestro objetivo es hacer el mundo más democrático, equilibrado y multipolar”.

Las palabras del primer ministro Putin no fueron un simple gesto diplomático, sino una reafirmación del horizonte compartido entre Rusia y Venezuela en la construcción de un nuevo equilibrio global.

La mención a Bolívar en este contexto es más que simbólica: reivindica la lucha histórica de los pueblos contra la imposición de un orden unilateral que, con otros rostros y métodos, sigue intentando moldear a su conveniencia el destino de las naciones.

Hoy, más de una década después de aquel discurso, la lucha por un orden multipolar sigue siendo un campo de batalla geopolítico, donde las potencias emergentes, entre ellas Rusia y Venezuela, desafían el hegemonismo y trabajan en la construcción de alianzas que garanticen la soberanía y el desarrollo sin imposiciones externas.

La historia de resistencia que une a estos dos países se ha convertido en un símbolo de la determinación de los pueblos para trazar su propio camino, lejos de las cadenas del colonialismo moderno.

Solidaridad en tiempos de pandemia

La pandemia por COVID-19 marcó un antes y un después en la historia contemporánea, un evento sin precedentes que paralizó economías, colapsó sistemas de salud en otras regiones y puso en jaque a la estabilidad global.

Más que una crisis sanitaria, la pandemia expuso las desigualdades del orden mundial, dejando en evidencia la fragilidad de muchos países frente a la concentración de recursos en manos de unos pocos. Mientras algunas naciones acumulaban vacunas y cerraban sus fronteras en una competencia feroz por la supervivencia, otras quedaron relegadas a la incertidumbre, librando una batalla desigual contra el virus.

En ese contexto de caos e incertidumbre, Rusia demostró, una vez más, su compromiso con Venezuela, reafirmando los principios de solidaridad y cooperación que han caracterizado la relación entre ambos países.

El envío de la vacuna Sputnik V fue un acto de hermandad que trascendió lo meramente sanitario; fue una muestra tangible de respaldo en uno de los momentos más críticos de la humanidad. En un mundo donde el acceso a las vacunas se convirtió en una moneda de poder geopolítico, Rusia no dudó en extender su mano amiga a Venezuela, evitando que las medidas coercitivas unilaterales impidieran la protección de la población.

Además de salvar vidas, este gesto reforzó los lazos entre ambas naciones y consolidó una relación basada en la reciprocidad y el apoyo mutuo.

Mientras otros gobiernos ponían barreras y priorizaban sus intereses nacionales, Rusia apostó por la cooperación, demostrando que en los momentos de crisis es cuando realmente se pone a prueba la lealtad entre los aliados.

La ayuda rusa en la contención del impacto de la pandemia dejó una huella imborrable en la historia de la relación bilateral, reafirmando que la verdadera amistad entre naciones se mide en los tiempos difíciles, cuando la solidaridad no es sólo un discurso, sino una acción concreta que marca la diferencia.

Un llamado a la paz y la multipolaridad

La dinámica geopolítica global está atravesando un profundo proceso de transformación, en el cual el mundo multipolar se consolida como una alternativa al orden unilateral que ha dominado las relaciones internacionales en las últimas décadas.

En este contexto, el fortalecimiento de los BRICS y su expansión a BRICS+ han demostrado ser un catalizador fundamental en la construcción de un nuevo paradigma económico y político.

La evolución de esta plataforma ha sido una respuesta natural a las políticas agresivas de Estados Unidos y sus aliados en términos de sanciones y bloqueos financieros. Como consecuencia de estas medidas coercitivas, se han erosionado principios fundamentales del sistema económico capitalista global, tales como la confianza en las monedas de reserva y la inviolabilidad de la propiedad.

Tal como lo expresan diversos analistas, Occidente ha socavado sus propios pilares al utilizar la economía como un arma de guerra, generando incertidumbre en sus propias estructuras financieras.

La cumbre de Kazán, celebrada en octubre de 2024, evidenció esta realidad, al reunir al BRICS ampliado con el objetivo de fortalecer la cooperación entre las principales economías emergentes. Este foro se ha constituido en un espacio de concertación de intereses, donde prima el no alineamiento y la búsqueda de una alternativa viable al orden hegemónico impuesto por el G7 y la OTAN.

Uno de los elementos clave en este proceso ha sido la desdolarización.

Rusia, como parte del BRICS, ha impulsado este mecanismo con el objetivo de reducir la dependencia del sistema financiero occidental. Se estima que al menos el 25% de las transacciones comerciales globales podrían desvincularse del dólar, lo que representa un avance significativo hacia una mayor independencia financiera de los países sancionados.

A diferencia de los bloques tradicionales, el BRICS+ no opera bajo una estructura rígida, sino que funciona como un bloque histórico que reúne a actores clave del Sur Global en su lucha por la soberanía económica y política. Y en ello, debe reconocerse que el gran impulso lo generó Rusia, nuestra nación hermana, bajo la presidencia pro tempore el año pasado.

Cooperación ampliada

La alianza entre Venezuela y Rusia es un ejemplo concreto de esta nueva configuración global, la esencia. Con más de 80 años de relaciones diplomáticas y más de 400 acuerdos suscritos, ambas naciones han construido una cooperación basada en la confianza mutua y el respeto a la autodeterminación.

Durante la XVIII Reunión de la CIAN, el presidente Nicolás Maduro destacó la importancia del evento para el desarrollo de nuevas oportunidades en áreas estratégicas como la energía, la tecnología y la economía productiva. De esta manera, se delineó una ruta de cooperación bilateral hasta 2030, que servirá como pilar para sortear los desafíos impuestos por las “sanciones” occidentales.

Venezuela y Rusia, como actores clave dentro de esta nueva arquitectura internacional, han consolidado su relación estratégica con la firma de 17 nuevos acuerdos en la XVIII Reunión de la Comisión Intergubernamental de Alto Nivel (CIAN), celebrada en Caracas.

El presidente Maduro ha reafirmado este compromiso al sostener que la relación entre Caracas y Moscú es inexpugnable y se basa en el principio de ganar-ganar, libre de presiones externas y chantajes políticos.

Prueba de ello es el crecimiento sostenido del comercio bilateral, el cual ha registrado un incremento de 453% en las exportaciones venezolanas hacia Rusia, en sectores como el cacao, el café, el aguacate y otros productos agrícolas. A su vez, las importaciones de insumos clave, como fertilizantes, trigo y vacunas, han crecido un 34%, lo que refleja el carácter complementario de ambas economías.

Este 11 de enero de 2025, el presidente Nicolás Maduro hizo un llamado a conmemorar y celebrar la victoria del Ejército Rojo contra el nazi-fascismo, un triunfo que marcó el destino de la humanidad y garantizó la paz para las generaciones futuras.

Más aún en esta época, cuando se cumplen 80 años de aquella gesta heroica, este reconocimiento es un respaldo absoluto a la lucha histórica de Rusia por consolidar la paz mundial.

La hazaña del pueblo ruso en la Gran Guerra Patria es un hecho imborrable en la historia. Millones de rusos entregaron su vida en los campos de batalla para liberar a la humanidad del terror nazi-fascista, y su sacrificio no sólo definió el rumbo de la Gran Guerra sino que también cimentó las bases de la paz que hoy prevalece en varias regiones del mundo.

Es un legado que no puede ser olvidado ni tergiversado. La humanidad tiene con Rusia una deuda imperecedera, porque sin su determinación y heroísmo, el destino global habría sido muy distinto.

A lo largo de los años, Rusia ha demostrado ser un pilar de estabilidad en el escenario internacional. Enfrentando desafíos y amenazas, ha sabido resguardar la soberanía de los pueblos y oponerse a los intentos de imposición hegemónica.

En este camino, con el llamado hecho por el presidente Maduro, Venezuela reafirma su reconocimiento a la grandeza de esa lucha y su compromiso inquebrantable de acompañar a Rusia en la defensa de la verdad histórica y del derecho soberano de las naciones a forjar su propio destino.

“Venezuela es uno de los amigos más fiables y cercanos de Rusia, no sólo en América Latina, sino en el mundo”, expresó el canciller Sergey Lavrov el año pasado.

Y hoy podemos afirmar con plena certeza que Rusia es, a su vez, uno de los aliados más firmes y leales de Venezuela, un vínculo forjado en la historia y fortalecido por la confianza mutua.

Este año conmemoramos no sólo el 80º Aniversario del establecimiento de nuestras relaciones diplomáticas, sino que damos un paso más allá: a partir de hoy, celebramos también el aniversario de nuestra alianza estratégica, una hermandad construida sobre la historia, consolidada en la cooperación y proyectada con determinación hacia el futuro.

*Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela