Discurso del canciller Jorge Arreaza durante Conferencia Nacional Gobernanza Global y Desarrollo - MPPRE

Discurso del canciller Jorge Arreaza durante Conferencia Nacional Gobernanza Global y Desarrollo

¡Muchas gracias!

A todos los interesados en entender el momento que vive nuestra humanidad y, sobre todo, las relaciones entre los Estados, los pueblos y todo el entramado de actores privados que han ido surgiendo a lo largo del siglo XX y siglo XXI.

Sin lugar a dudas, estamos en un proceso de transición, donde la pandemia de COVID-19 dejó en evidencia, desenmascaró y demostró con claridad, cuáles son las más graves fallas, deficiencias y carencias del sistema-mundo, como diría Immanuel Wallerstein y otros autores de los que vamos a conversar a lo largo de esta presentación, porque ha quedado claramente establecido que este sistema, tal como está planteado, no puede permanecer estático y ni siquiera puede evolucionar.

Llegó el momento de una gran reflexión compartida, colectiva. Es el momento para, desde los Estados, pueblos y sectores privados, construir alternativas. Una alternativa real, o tal vez opciones, a este mundo que tiende a ser poscapitalista.

Hay quienes identificarán su sistema como capitalista, quienes lo identificarán como humanista, pero definitivamente, ni el sistema económico que se impuso, ni las relaciones económicas, internacionales, interestatales y entre los pueblos, son viables hacia el futuro. Y así ha quedado demostrado los últimos meses, era una bofetada que necesitaba el sistema para que despertara la conciencia de los pueblos.

Corremos el riesgo de una reinvención del capitalismo y el imperialismo, porque el imperialismo sí existe, y es una fase superior al capitalismo.

Si en este momento está en un proceso de reestructuración o de decadencia, habrá que verlo en los próximos años por venir. Este sistema genera tales niveles de desigualdad, niveles de miseria por un extremo, y de riqueza indebida que no es producto del trabajo por el otro, que definitivamente ya no tiene cabida. Pero aun así se corre el riesgo de que logre reinventarse, si los Gobiernos que son expresión de los pueblos no toman acciones, muchas de ellas concertadas, colectivas, comunes, para ponerle un freno a esta nueva posibilidad.

¿Cuántas veces el capitalismo no ha salido airoso de una crisis? Quizás la más simbólica fue en el siglo XX durante el llamado “crack de 1929″ y luego en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde el capitalismo se restituyó y le dio un nuevo impulso, así como a los actores que participaron en tal evento.

El papel de Venezuela

Les voy a hablar un poco desde República Bolivariana de Venezuela, desde nuestra Constitución, desde lo que tenemos y debemos defender hasta que evolucione, ante la Carta de las Naciones Unidas y de los más elementales principios del derecho internacional, y de la convivencia y coexistencia internacional.

No podemos prescindir de estos instrumentos, hay que reformarlos y hacer que evolucionen. Hoy no podemos decir que hay que prescindir de Naciones Unidas, como en su momento se dijo de la Liga de Naciones en el periodo entre guerras; por el contrario, hay que fortalecer la Carta de Naciones Unidas en el contexto actual.

Hablar de Venezuela es hablar de Bolívar, quien fue muy claro cuando habló en la Carta de Jamaica y se refirió las características del mundo que estaba surgiendo en la América Latina y caribeña, características incluso étnico-raciales, de la mixtura que se había logrado, sino también las características culturales del pueblo indígena originario, de los europeos y africanos esclavizados que fueron traídos a nuestras tierras.

Bolívar siempre fue muy claro, así como lo fue Simón Rodríguez, su maestro, en la necesidad de que en este nuevo mundo surgiera un nuevo tipo de sociedad. Como diría Bolívar en Angostura en 1819: El problema del hombre en libertad es una misteriosa incógnita que se despejará en el nuevo mundo y no en el viejo.

Desde esta América Latina y caribeña, donde hay procesos de distintos ritmos, de búsqueda de la protección de la soberanía, y el logro de la independencia integral, es de donde tenemos que hablar.

El 13 de enero de 1815, Bolívar nos dijo: “Esta mitad del globo pertenece a quien Dios hizo nacer en su suelo, y no a los tránsfugas trasatlánticos, que por escapar de los golpes de la tiranía vienen a establecerla sobre nuestras ruinas”.

En su definición de Independencia, estaba seguro de la necesidad de crear nuevas instituciones para esta parte del mundo que también integraba el equilibrio del universo, al cual él se refirió tantas veces y que no era más que ese mundo multipolar, ese mundo de varios centros de poder que se equilibran de manera virtuosa, sin el conflicto sanguinario del mundo occidental europeo que le permitió avanzar durante tanto tiempo.

Si hablamos de Bolívar, también lo haremos de Hugo Chávez: “El mundo del siglo XXI que ya se asoma sobre el horizonte, no será bipolar, tampoco unipolar, gracias a Dios será multipolar”.

A eso precisamente nos referimos. Pero para que el mundo sea multipolar, sus instituciones y superestructura jurídica deben ser también multipolares. Deben expresar de manera autónoma el multilateralismo, y no una especie de organización internacional donde lo que se refleja muchas veces es un unilateralismo rígido, como parte del dominio de los centros de poder y del imperialismo.

Lo hemos dicho reiteradas veces, no es el Gobierno de los Estados Unidos, no es el pueblo estadounidense, es un conglomerado, un andamiaje de intereses corporativos, de intereses empresariales. Es el complejo industrial-militar, financiero, al cual se refirió Eisenhower en su momento, el que domina más allá de las fronteras nacionales, y que la Casa Blanca y el Presidente que lidera en cada momento a EEUU, es siempre su máxima expresión.

En este marco es tan válido referirnos a EEUU como a la Unión Europea, Bruselas, Londres, Berlín o Tokio. Esa institucionalidad en la superestructura del sistema internacional es la representación de las relaciones de producción y de esas corporaciones que se han impuesto y dominan hoy día incluso las relaciones humanas, y que se expresan a través de las instituciones multilaterales que tenemos.

Tenemos a Giovanni Arrighi, un pensador importante del materialismo histórico y dialectico. Hay una obra de él que se llama Largo siglo XX. Allí desarrolla la evolución de los ciclos históricos del capitalismo, que a pesar de las diferencias en las magnitudes, de la complejidad de los tiempos en los últimos 500 años, se han expresado y tienen características similares. Son procesos que se repiten, se reiteran, a pesar de las distancias temporales, económicas, de las revoluciones industriales, de las revoluciones del pensamiento que han ocurrido a lo largo de estos años.

En esos ciclos sistémicos de acumulación del capitalismo, hay un proceso de expansión comercial y financiera por parte de la potencia dominante, donde despliega una inversión centralizada en los ámbitos que esa potencia busca controlar. Luego hay un proceso de declive y transición hacia otra potencia; es como una carrera de relevo donde se entrega al testigo de manera forzada a otro poder, porque los imperios nunca sueltan sus dominios de manera voluntaria.

Los procesos históricos nos van llevando a una fase de expansión, de declive y de una potencia que surge de una coyuntura histórica. Ese péndulo debemos cortarlo, esos ciclos deben llegar a un largo período en el cual no se repitan y logremos construir relaciones de producción, humanas, económicas, interestatales, intersociales, que no permitan la repetición de estos eventos.

Arrighi plantea que Génova (siglo XIV-XV) fue el primer Estado capitalista del mundo occidental tras consolidar su poder marítimo y una influyente actividad comercial y financiera con el Lejano Oriente. Su dominio fue reemplazado por el de las Provincias Unidas (Reino de los Países Bajos) luego de la sanguinaria Guerra de los Treinta Años en el siglo XVII. Para afianzar su nueva posición imperial y para estabilizar las disputas con los Estados vencidos, la denominada popularmente “Paz de Westfalia” (1648) sirvió de horma institucional para legitimar su poder e impugnar el poder del Vaticano.

En América vivimos cómo el imperio británico participó en la Guerra de Independencia venezolana, y fue bienvenida su ayuda, aunque ellos no estuvieron acá porque creyeran filosóficamente en la independencia, en la necesidad de crear una República, un nuevo mundo y de despejar la misteriosa incógnita que planteaba Bolívar. Estaban aquí para salvaguardar sus intereses en estas tierras. Ese imperio británico pasó por su fase de expansión donde finalmente entró en declive.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, por más que se intentó crear una institucionalidad para la gobernanza mundial, fracasó la Liga de Naciones que fue prácticamente un amago, un intento de algo que nunca se concretó, en el empeño de los triunfadores de mantener su posición y evitar que Alemania se rearmara. Este proceso se le va de las manos y allí surge la Segunda Guerra Mundial, no sólo por estas razones geopolíticas sino por el agotamiento del sistema capitalista que en aquel entonces estuvo dirigido por el imperio británico.

Luego de esa Guerra Mundial llegamos al mundo de hoy. En 1945, con la Carta de las Naciones Unidas, el entonces enviado de Rusia planteó en las conferencias de paz, al discutir la creación de la Organización de las Naciones Unidas, que no se repitiera la triste historia de la Liga de Naciones.

Andréi Gromiko, quien fuera representante de la Unión Soviética ante la organización, y luego Ministro de Relaciones Exteriores por muchos años, en su libro de memorias explicó porqué se hizo la reunión en San Francisco y porqué se fijó la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Él decía que EEUU deslumbraba y se veía como el imperio británico. Por esa razón se siembra dicha organización multilateral con el objetivo de que , para que este país de alguna manera la respetara. Se veía con tanta potencia el despegue desde ese cohete imperialista-norteamericano que si no estaba al menos esta importante sede en ese lugar, jamás iban a hacer caso a las decisiones.

Las Naciones Unidas es el resultado de los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, que han estado de manera ininterrumpida en el Consejo de Seguridad, donde Reino Unido y Francia siguen teniendo un gran peso en las decisiones tomadas hoy como miembros permanentes. Esto es producto de que fueron parte de la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. No tiene otra justificación geopolítica.

Por poder de dimensión o importancia, EEUU, Rusia (heredera de la Unión Soviética), y la República Popular China, expresan el mundo multipolar en el Consejo de Seguridad. China es un polo, Rusia otro, al igual que EEUU y sus subordinados europeos. Así mismo se expresa en la Asamblea General de las Naciones Unidas, y en todo el mapa de actores del sistema internacional.

Giovanni Arrighi en su magistral obra El largo siglo XX desarrolla esta tesis analizando las transformaciones del sistema mundial, sus distintos modelos de gobernanza y las transiciones geopolíticas que le han dado forma históricamente. A grandes rasgos, Arrighi advierte que la emergencia de una potencia dominante está siempre acompañada por una red de instituciones mundiales que afianzan su poder y legitiman sus prácticas e intereses.

En paralelo, los organismos multilaterales financieros como el FMI y el Banco Mundial demostraron ser inefectivos para la recuperación económica de los países periféricos en épocas de crisis, contribuyendo al colapso social e institucional de sus sistemas políticos y económicos en el marco del neoliberalismo.

La instrumentalización política de instituciones como la OMC y de instancias regionales como la OEA ha creado una desconfianza generalizada y una desafección progresiva de los Estados con respecto a la posibilidad de defender sus intereses nacionales en dichos organismos permeados por la influencia estadounidense. De igual forma, las palancas del poder y la legitimidad del sistema de las Naciones Unidas ha sido severamente cuestionada y desautorizada, al mostrarse ineficiente para contener el apetito expansionista de las potencias occidentales y evitar con ello la propagación de los conflictos internacionales.

Estas nuevas palancas de la gobernanza mundial nacerían, en parte, de los Acuerdos de Bretton Woods (1944). Con la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial entraría en funcionamiento un nuevo orden económico global con Estados Unidos como eje de gravitación. El nacimiento de estos organismos desplegarían los intereses estratégicos estadounidenses en el ámbito multilateral, que tuvo su cristalización en la configuración de las Naciones Unidas luego de la Conferencia de San Francisco.

A nivel militar, la OTAN cumpliría el mismo rol que el FMI a nivel financiero: sostener la proyección de poder de EEUU y el orden global que le beneficiaba a su desarrollo como potencia. De esta manera, Washington reinventó el multilateralismo pero con el objetivo de instrumentalizar los esquemas de cooperación y coordinación globales en función de sus intereses geopolíticos y geoeconómicos. La denominada Guerra Fría representó un punto clímax en cómo la gobernanza global, made in USA, se aprovechó para derribar a la URSS.

Finalizada la Guerra Fría, el mapa de las relaciones internacionales entró en una fase unipolar donde Washington mostró el cenit de su poder geopolítico. Pero el triunfalismo duró poco. La acumulación de guerras de agresión de la OTAN desde Los Balcanes hasta Irak, Afganistán y Libia impugnó el relato defensivo del organismo y debilitó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como un mecanismo de toma de decisiones aceptado por todos. El ascenso económico de China y la recuperación política e institucional de Rusia, por otro lado, también evidenciaron que las instituciones de gobernanza global son inestables cuando se rompe la ecuación unipolar.

Naciones Unidas surge para garantizar la paz y seguridad internacionales, para buscar la solución pacífica de las controversias. Los conflictos en el mundo bipolar, equilibrado con dos grandes polos, que tenían la fuerza destructiva del planeta entero, lograron que se disminuyeran los conflictos en el mundo entero.

Cuando cae la Unión Soviética, se creyó que era el fin de la construcción de un mundo alternativo, pues se impuso el capitalismo neoliberal, y de aquí en adelante iba a ser una repetición de lo que hoy estamos presenciando.

Hay que evaluar bien una reforma de las Naciones Unidas en este momento, porque el comandante Chávez, al igual que otros líderes progresistas, socialistas y nacionalistas, lo pidieron en la tribuna. A partir de estos eventos, ante la coyuntura venezolana, se creó un Grupo de Defensa en las Naciones Unidas, y también otros países que han sido sujeto de medidas coercitivas unilaterales están reuniéndose y evaluando acciones conjuntas, en defensa de la Carta de Naciones Unidas, ya que las sanciones no están contempladas y son violatorias.

La OEA en nuestro continente debió ser sustituida por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), quien dibujaba un escenario ideal para nuestros pueblos e independencia política. Las Cumbres de las Américas, en el momento que se encontrara con la CELAC, podían ser el instrumento de dialogo político de los pueblos de América Latina y el Caribe con los pueblos de América del Norte.

El modelo de gobernanza global nacido de la Segunda Posguerra tuvo como relato principal evitar los conflictos armados, generando una red de instituciones globales de comercio, economía, seguridad y finanzas donde la rivalidad geopolítica pudiera canalizarse de manera eficiente logrando acuerdos perdurables. Durante la Guerra Fría se pensó que la confrontación general entre la Unión Soviética y Estados Unidos por la supremacía geopolítica era la fuente de la inestabilidad global y de los conflictos armados. Sin embargo, esta premisa resultó ser falsa.

En 1992, el primer año de la era postsoviética, hubo 29 guerras más que en cualquier otro año desde 1945, según refiere un análisis sobre conflictos globales del Belfer Center for Science and International Affairs de la Universidad de Harvard.

Dentro de las instancias nacientes de la nueva gobernanza mundial del siglo XXI, está la demostración del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, una iniciativa de la República Popular China lanzada en 2014 y que actualmente cuenta con más de 80 países miembros. Su músculo financiero asciende a 250 mil millones de dólares, superando con creces la capacidad de líneas de crédito disponibles de las instituciones financieras occidentales. Esta nueva institución financiera representa la génesis de un nuevo sistema financiero mundial. La reunión entre China, Rusia, India y Brasil, son expresión de una institucionalidad necesaria, basada en el grupo de defensa de la Carta.

En los últimos años, la Organización de Cooperación de Shanghái ha ganado ganado notoriedad como mecanismo de negociación formal de las disputas de la región asiática. Frente a la parálisis institucional de los organismos tradicionales, la Organización de Cooperación de Shanghái ha creado un conjunto de esquemas de cooperación, reglas y marcos de entendimiento para atender de manera temprana los eventos geopolíticos más importantes de la zona. Esta organización está siendo vista como un modelo global para la resolución de conflictos que pudiera reinventar las construcciones organizativas en otras partes del planeta.

La Unión Económica Euroasiática, fundada en 2014 e impulsada por Rusia, Kazajistán y Bielorrusia. Este proyecto de integración, aunque tiene una marcada orientación comercial, también tiene palancas jurídicas ligadas a la resolución de disputas de diversa índole y ha desarrollado un esquema de cooperación que va desde las finanzas y los hidrocarburos hasta la industria farmacéutica. Durante su cumbre de presidentes en 2019, la Unión Económica Euroasiática profundizó sus mecanismos de integración en aras de fortalecer el mercado común euroasiático y proteger la zona de prácticas comerciales desleales por parte de los países occidentales. La institución es vista como una alternativa regional a gran escala que cubre los vacíos regulatorios y el aprovechamiento de los mismos por parte de los países industrializados del norte global.

En América Latina han intentado fracturar la Celac, a lo largo de los años de restauración del proceso neoliberal, en evidencias como golpes de Estado, intervenciones en campañas electorales o el financiamiento de traiciones en cargos de alto nivel.

El Departamento de Estado sintió que había descuidado América Latina y el Caribe, comenzaron a diseñar una estrategia que fueron cumpliendo, donde también los gobiernos progresistas, llevaron a cabo ideas para contener y romper el péndulo histórico.

Por otra parte, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América — Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TPC), es una institución más elevada y desarrollada frente a la Unasur y Celac, por sus características, cualidades y sensibilidades, frente a las colaboraciones que se pueden hacer para brindar atención a nuestros pueblos, sumarlos a las luchas, impulsar los movimientos sociales, con el objetivo de ayudarnos permanentemente.

Ojalá EEUU tuviese un comportamiento parecido al de China, e ideara sistemas que contribuyan con Latinoamérica, para fortalecer el comercio, la infraestructura, y lograr un intercambio como lo ha hecho la República Popular. Se trata de crear una red que permita a los países que avancen en sus proyectos para lograr el intercambio deseado.

China busca el desarrollo compartido, ejemplo fundamental para esas grandes potencias en el mundo multipolar, y no enfocarse en el espíritu de la dominación, control o expoliación.

¿Cuál es el interés de EEUU en Venezuela? Obtener las riquezas para desarrollar su modelo voraz, lleno de desigualdad, y su extremo de riqueza, mientras el otro está cargado de pobreza. Pongo como ejemplo a la madre África, donde sus 55 países con grandes diferencias, sometida al colonialismo que busca robarle la independencia que desde el primer día que la obtuvieron, se convirtieron en un territorio de intercambio común para prevenir y construir.

Es necesario la creación de una nueva institucionalidad, especialmente en lo económico, político, y evitar los conflictos regionales, para unificarnos y avanzar. Mientras esto se lleva a cabo, debemos defender la que tenemos y que nos representa en lo multilateral, que impide y garantiza hasta cierto punto nuestra seguridad.

Finalizo expresando que estoy convencido que estamos al final de un ciclo histórico, como dice el pensador Arrighi, pero ese ciclo histórico terminará antes o más tarde, en la medida que tomen conciencia los gobiernos progresistas, independientes, autónomos y soberanos, para tomar decisiones de manera colectiva.