Discurso de la representante de Venezuela Asbina Ixchel ante el Consejo Permanente de la OEA

Señor Presidente, la Organización de Estados Americanos no tiene autoridad para reconocer o desconocer a los gobiernos de sus Estados Miembros, esa autoridad no existe y no está prevista en ningún instrumento jurídico. La primera razón es muy sencilla, el acto de reconocer a un gobierno es una acción individual y soberana de cada Estado, y como acto político no puede ser impuesto a otros Estados; pues estos perderían así su propio derecho soberano a gobernar sus relaciones internacionales. Esto explica que en ningún momento en el pasado se haya intentado poner en práctica esta violación del Derecho Internacional.

La segunda razón, muy clara, demuestra por qué la OEA y ningún otro Estado tampoco pueden cambiar a la delegación que ocupa la silla representando a un Estado Miembro. Es la siguiente:

Reconocer a otro gobierno es un acto totalmente distinto a designar a la autoridad nacional de un país. Un Estado tiene poder para reconocer o desconocer a otro gobierno pero un Estado nunca puede designar a la autoridad de otro país. Es decir, reconocer no puede determinar quién se sienta en la silla como representante de un gobierno.  Estos dos actos son claramente distintos y en la historia de esta Organización nunca se han confundido. Si se permite esta manipulación, se elimina la soberanía nacional, la soberanía popular y viviremos en el mundo ya no del Derecho Internacional sino de la ley del más fuerte o de los más numerosos.

La única medida contemplada en las normas de la OEA es la suspensión de un Estado Miembro decidida en una Asamblea General Extraordinaria con dos tercios del voto de los Cancilleres, no hay otra. No existe la medida de desconocer y menos la medida de cambiar a los gobiernos. Toda improvisación o manipulación que permita una acción distinta por un órgano de menor jerarquía y con un umbral de votación menor a los dos tercios es ilegal y cambia la norma y la práctica histórica para cercenar los derechos de todos los Miembros. Así nos encontramos con dos golpes de Estado, uno cometido contra todos los principios de la OEA, y otro cometido desde la OEA contra un Estado intervenido al que se le impone una representación desde el extranjero.

Lo que va a ocurrir hoy es el final de una cadena de violaciones y trampas que, para convertir a la OEA en un arma contra Venezuela, terminó destruyendo toda la estructura del derecho internacional que la sostiene. La casa de la OEA la hicieron inhabitable.

Desde aprobar resoluciones con 17 votos violando el principio de la mayoría simple como ocurrió el 03 de abril de 2017, pasando por alentar a un Secretario General que promueve la guerra contra Venezuela, hasta ser cómplices de todas las medidas de extorsión económica que violan los derechos humanos de nuestro pueblo y saquean nuestras riquezas, incluyendo las amenazas del uso de la fuerza militar contra nuestra nación. Todas esas masivas violaciones de la Carta de la OEA se alentaron desde esta sala.

El intento de aprobar en un Consejo Permanente, con mayoría simple de los miembros, la expulsión de nuestra delegación y la imposición de un individuo en la silla de la República Bolivariana de Venezuela será recordado como un acto violento y abusivo. Un acto tan ilegal como absurdo, pues por primera vez aceptará en la silla de este Consejo a un enviado de una autoridad que la propia OEA no reconoce ¿Dónde está la resolución de la Asamblea General que con al menos 24 votos reconoce a una autoridad distinta al presidente Nicolás Maduro?

El único modo que yo como representante del Estado Venezolano, miembro pleno de esta Organización, con todos los derechos ejercidos por más de 70 años, el único modo, repito, que yo me pare de esta silla, sin violar la ley internacional, sin violencia, sin trampa, sin fraude, sin manipulación jurídica y sin arbitrariedad, es que usted tenga en sus manos la resolución aprobada por la Asamblea General Extraordinaria de la OEA donde 24 Estados Miembros votaron por la suspensión de los derechos del Estado venezolano en esta Organización. Sin esa resolución de la Asamblea General, todo acto es nulo y significa el fin de la vigencia de la Carta Fundacional. La OEA seguirá existiendo pero solo como un fantasma de lo que quiso ser y no pudo.

Para finalizar, lo que va a ocurrir hoy nos confirma que nunca tuvieron los votos necesarios para trabajar con la voluntad mayoritaria de la región, tampoco tuvieron el interés de respetar los principios, reglas y prácticas de la OEA. Con todas sus medidas coercitivas, amenazas, muros e insultos no pudieron imponerse y se vieron obligados a romper con las apariencias de respeto al derecho y atropellar a toda la Organización.  Al final, convirtieron a la OEA en un cascaron vacío, impotente para defender sus propios principios, así  probaron que nuestra decisión de renunciar fue la correcta. ¡Nos vamos, y a esta OEA nunca vamos a regresar!

Asbina Ixchel, representante de Venezuela ante la OEA

09 de abril de 2019

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