Venezolanos brillan en China: Trazos animados de Anna Sophia Guerrero

Venezuela es una cuna de grandes talentos y, en el marco de esta realidad, la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en la República Popular China quiere rendir tributo y reconocer a todos los venezolanos y venezolanas que depositan su esfuerzo en la construcción del país que soñamos desde este lado del mundo.

Por sus dibujos y colores, las animaciones pueden parecer sencillas e ingenuas, y aunque los métodos han cambiado mucho a lo largo de los años – utilizando pixeles en lugar de lápices de dibujo – aún se requiere de habilidades de animación y dibujo. De eso sabe Anna Sophia Guerrero Seijas.

Anna tiene 22 años y nació en Barinas, tierra de la comunión entre llanos y páramo, pero creció en Maturín, en el estado Monagas, y desde hace cuatro años y medio tiene residencia en Beijing, China, donde cursa estudios de Producción de Animación en la Universidad de Comunicación de China como la única extranjera en su clase.

Abriendo puertas

En la actualidad, el cine animado es uno de los géneros más demandados dentro del séptimo arte, cada vez más casas productoras incorporan iniciativas de animación en su agenda de proyectos y China sabe mucho de eso.

Ella tenía claro que el idioma chino tiene una gran importancia en el mundo y que su aprendizaje es, y será, de gran relevancia para su vida laboral, por lo que se planteó cursar sus estudios en China y, por supuesto, en mandarín. “Siempre me llamó la atención aprender un tercer idioma y el idioma mandarín, me parece, es uno de los más usados en este momento en el área de las investigaciones de arte y de animación”.

La tecnología está avanzando rápidamente y abre nuevas posibilidades técnicas que no eran más que sueños hace una década, sobre todo en suelo venezolano, donde el proceso de actualizar la industria fílmica hacia iniciativas animadas ha tenido pasos más lentos.

Anna ve un panorama animado para este mercado: “mi objetivo es aprender lo más posible. Todo el proceso de creación de una animación de alto nivel, de vender una idea; una producción y llevar todo este conocimiento a Venezuela y ponerlos en práctica. Ya que es una de las especializaciones menos desarrolladas en el país”.

La creatividad es premisa

El mundo está en la cúspide de lo que es posible y por eso vemos un matiz diferente en cada película de dibujos animados. La animación está creciendo en alcance, en tamaño y en expectativas. Desde esta perspectiva, Anna quiere desarrollar proyectos que relacionen la música y la animación – sus dos pasiones – bajo un nuevo e innovador método, donde la creatividad sea rey y las herramientas, solo herramientas.

Ella explica que “además del arte de la animación también me apasiona la música. Antes tocaba muchos tambores y el ukelele, algo que planeo reanudar pronto. Busco crear un proyecto para unir estas dos artes de una manera nueva, que realmente vayan de la mano, porque las mejores animaciones provienen de piezas musicales”.

En la actualidad, aunque se dedica a sus estudios a tiempo completo, ha tenido la oportunidad de demostrar sus habilidades en animación en piezas que ha elaborado para amigos y bandas de música que sigue de cerca. “Aquí en China he diseñado logotipos y videos para buenos amigos y sus bandas de música y me gusta pensar que de esa forma los ayudo con la imagen que proyectan a sus fans. Quiero emprender algo así en Venezuela”.

La multiculturalidad

Sobre lo que ha aprendido de su estancia en China, confiesa que principalmente ha desarrollado la habilidad de ser más tolerante, algo que no extraña considerando que se desplaza en motocicleta por la ciudad. “Tantas cosas: a relacionarme con gente de culturas tan diferentes y compartir puntos de vista tan distintos. Aprender a ser más tolerante, a convivir y a adaptarme a esta experiencia física y emocionalmente”.

De Venezuela extraña costumbres, parajes y familia, pero también el chalequeo, su palabra favorita del diccionario venezolano. El chalequeo, como acción, ha existido siempre en nuestro país y parece ser una característica del venezolano que, incluso, se exporta.

El chalequeo es su venezolanismo favorito porque “solo los venezolanos sabemos de chalequeo y cómo hacerlo bien con tus panas”, responde a propósito de una acción que, para los menos entendidos de la jerga juvenil, es bromear momentáneamente de forma insistente sobre algo o de alguien.

Caramba y bueno, en chino, resultan ser para Anna las expresiones que más usa en su travesía estudiantil de Beijing por ser palabras salvavidas en cualquier conversación. “Esas expresiones como bueno 良好 [ne ge] o quizás caramba 我去 (wo qu). Ya sabes, cosas del lenguaje cotidiano”.

Ella es parte de los venezolanos que brillan fuera de nuestras fronteras y, aunque todo espacio se queda pequeño para destacar quién es y qué hace por el país, buscamos que esta ventana nos convoque a la unión y a la esperanza de un futuro tan prometedor como el de este talento criollo de exportación. Embajada

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