Conmemoran en La Habana el Día de la Dignidad Nacional venezolana

Hoy, ante las amenazas que se ciernen sobre Venezuela, nos declaramos una nación apegada al Derecho Internacional y al diálogo, pero no se equivoquen: somos hijos de Cristo, hijos de Bolívar e hijos de Chávez, aseveró el general de brigada Richard Manuel Riera Montilla, agregado militar del Ejército de Venezuela en Cuba, al conmemorarse el Día de la Dignidad Nacional. 

En el acto, realizado este lunes 4 de febrero en la sede de la Agregaduría de Defensa bolivariana en La Habana, Riera Montilla refirió los antecedentes que dieron lugar a la insurrección popular del 27 de febrero de 1989, conocido como el Caracazo, consecuencia del endurecimiento de las condiciones sociales en el país luego de que la oligarquía nacional socavara el orden económico en la década de 1980, haciendo padecer a la población una crisis que se precipitaba al aplicar medidas neoliberales bajo las órdenes del Fondo Monetario Internacional, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

La conmemoración contó con la presencia de la encargada de negocios de la embajada y el cónsul general venezolano, Vivian Alvarado Linárez y Julio Marcelino Chirino, respectivamente. También asistieron autoridades militares, del gobierno, la Cancillería y otras instituciones cubanas; representantes de sedes diplomáticas y agregadurías de Defensa de países amigos; miembros de movimientos de solidaridad y médicos venezolanos que cursan especialidades médicas en la capital de la Isla; así como funcionarios de las instituciones bolivarianas en Cuba.

El Caracazo, explicó el general de brigada, devino en una nueva traición que se daba sobre Venezuela, pero a su vez fue la génesis de un movimiento profundamente bolivariano, el cual, en la madrugada del 4 de febrero de 1992, se rebeló en varias ciudades del país y en Caracas, donde dirigió las acciones el teniente coronel Hugo Chávez Frías. Los planes revolucionarios fueron delatados y no se pudo alcanzar el objetivo de tomar el poder político del país.

El llamado de Chávez a sus compañeros, de cesar las acciones “por ahora” a fin de evitar un innecesario derramamiento de sangre, “posicionó al comandante en los corazones de los venezolanos” porque llenaba de esperanzas al pueblo.

Asimismo, abrió las puertas a una nueva forma de lucha para llegar al poder mediante elecciones, lo cual impactó en toda América Latina como una nueva arma de lucha pacífica, socialista y antiimperialista.

Desde entonces, “la lucha ha sido interminable y despiadada”, valoró el oficial, y enumeró los golpes de Estado –el del secuestro del presidente Chávez y el posterior paro petrolero– que debió derrotar el pueblo en 2002.

“Venezuela ha sido un objetivo muy preciado para los imperialistas por sus riquezas”, manifestó Riera Montilla. “Solo les queda por hacer una agresión militar para alcanzar sus deseos neocoloniales”.

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