Venezuela entrega libros de autores nacionales a asentamiento campesino brasilero

El Gobierno Bolivariano, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y su Embajada en Brasilia, hizo entrega este sábado de más de 30 títulos de la Biblioteca de Autores Venezolanos al asentamiento agrícola Pequeño William ubicado en Planaltina, Distrito Federal, Brasil.

Esta selección de obras publicadas por Monte Ávila Editores, bajo la figura de donación, va a complementar el acervo de la recién inaugurada biblioteca “Carolina María de Jesús”, proyecto cultural de la Comuna Panteras Negras, inmersa en el asentamiento campesino conformado por 22 familias dedicadas a la producción agroecológica.

“Para nosotros es muy importante recibir esos libros, para poder sembrar ese conocimiento, no solo dentro del asentamiento, sino hacia toda la comunidad”, expresó Robson Aguiar, militante del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y miembro del asentamiento.

Por su parte, Adriana Fernandes, también militante MST y líder del proyecto, comentó que la concreción de la biblioteca sólo fue posible por el trabajo comunitario. “Nosotros somos un colectivo, que creemos en esa construcción común, y ese compañerismo ha sido fundamental para poder llevar nuestros proyectos”, dijo.

La biblioteca “Carolina María de Jesús” ha sido un proyecto que ha motivado a Fenandes durante varios años. “En el acampamento (del MST) comencé a observar que las personas no tenían alfabetización, acceso a la lectura, y eso me incomodaba mucho y ahí comencé a juntar libros, en cajas de cartón, eso fue en 1999, cuando comencé a organizar momentos de lectura con las personas”, recuerda.

Solo en el 2006, a partir de su incorporación a Pequeño William el proyecto de la biblioteca consiguió espacio físico, primero bajo carpas de lona, en patios y corredores de casas, hasta marzo de este 2018 cuando fue concluida la infraestructura en el espacio común de la comuna.

“La biblioteca tiene vida propia. Es el resultado de una construcción colectiva, un esfuerzo para logar eso que nos es negado. El pueblo campesino es excluido de nuestra sociedad, no tenemos acceso a la cultura (…) entonces en esa búsqueda de hacer que nuestro pueblo tenga acceso aquello que es un derecho: educación, cultura, arte, es que venimos potencializando las acciones siempre, y la ‘Carolina’ es un polo que agrega; todo el mundo se estimula a hacer parte del proyecto cuando conoce la historia de la biblioteca”.

Fernandes -ejemplo de lucha para la comunidad- se impuso a las más duras condiciones; retoma la educación secundaria y con 39 años, motivada por la militancia en el MST, retorna a la Universidad, luego cursa una especialización en Agroecología, y hoy -20 años después- realiza una maestría de Educación del Campo en la Universidad de Brasilia.

Un espacio para la emancipación de las mujeres

La Comuna Panteras Negras es un espacio de investigación y cultura que lleva adelante Fernandes, inspirada desde la militancia con los Sin Tierra desde hace 18 años. La experiencia de la Comuna ha estado concebida para mujeres afrodescendientes, vinculadas a movimientos sociales y de base, como un espacio para la convivencia, la formación, el estudio y la investigación, tanto de ellas, como de sus familias. Junto a la biblioteca, la Comuna tiene actividades de Cine Club, debates, teatro político, audiovisual y otros procesos educativos.

Adriana Gomes es miembro del colectivo cultural desde 2014, año cuando comenzó a hacer vida en el lugar junto a su compañero y sus dos hijos. Según explica, allí la propiedad de la tierra es resignificada porque es socializada. “Ya no es más un espacio privado”.

Sobre la experiencia de la Comuna, Adriana comenta que ha sido su piso, lo que la sustenta, como mujer que se emancipa todos los días, junto a las otras, también en colectivo. “Estar aquí es importante para mostrar que es posible crear alternativas. Nosotras somos muy pobres, venimos de realidades muy pobres pero trabajar conmigo, en cuanto mujer, desde nosotras mujeres, es lo que da sentido para la vida, es no sentirse sola, es que ‘juntas podemos’. Desde el patriarcado somos muy violentadas y tener un espacio como este, que trabaja por la mujeres y con las mujeres, es tener una tierra firme donde pisar”.

El asentamiento rural “Pequeño William” tiene su origen en la ocupación de un latifundio y debe su nombre a un pequeño niño, hijo de campesinos, quien a los dos años de vida muere a causa de envenenamiento por aguas contaminadas con el uso de productos tóxicos de la agricultura a gran escala en la región. A partir de ese hecho el asentamiento tiene como línea política la producción agroecológica y orgánica, tanto para el consumo de las familias como para la comercialización que hacen de su producción. Embajada

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